
No creo que puedas hacer nada más que vivir la vida que hayas decidido vivir. Las sombras del pasado a veces te pesan como abultados equipajes sin abrir. Yo no llego a tu vida por la puerta de invitados. Ni siquiera se puede decir que haya llegado con buena intención. Hay en mis palabras cierta verdad, una sincera forma de confesar mis sentimientos. Yo te tengo agarrada a la frente como podría tenerte arrojada en el espacio que se abre entre mi camino y el tuyo. Nadie prometió nada, nadie se dedico a hacer el tipo de planes que hacen los que saben que están en el mismo lugar. Ya no me quedan palabras nuevas. Todo lo que escribo y a lo he escrito antes, todo lo que te confieso ya lo sabe todo el mundo y aún así es tan secreto, tan real tan, tan tuyo y tan mío que a veces asusta la forma con la que he decidido quererte.
Me pienso más lejano a ti cada día que te encuentro más cerca. No me atrevo a mirarte, ni a hablarte de la forma en que me gustaría. Todo es tan mundano y a ese mundo me arrojo si para los dos es más cómodo. Pero tanto para ti como para mí esperan cosas mejores. La providencia nunca me fue buena así que no confío en que nos una nunca. Nunca estuvimos tan lejos y aún ahora la distancia me hace sentirte tan cerca. No quiero necesitar y me desagradaría que tu me necesitase. Siempre he odiado cosas como la dependencia, la forma con la que se poseen las personas que dicen amarse. Yo soy tuyo pero tú, tú nunca serás mía.
Y ahora me ahogo en café porque en la noche las verdades suelen marear y anudar a la intuición, al remente de la imaginación, rastros divinos y extrañamente agradables. Las historias enfermas, la maldad del descontrol, la fruta prohibida con la que primero nos asustaron, luego no hubo más que frutas prohibidas, al final no habrá más que fruta fermentada y todo parecerá más fácil . No tienes que hacer nada, nunca has tenido que hacerlo, mirar al frente, sonreir, a veces me remueve el alma tan sólo saber que compartes el mismo aire que mis pulmones desechan. Cómo no me voy a sentir envanado y envilecido. No soy más que el rastro doloroso de todos los demás.
Me cambiaría por el que habrá de venir, el que hará que me olvides, el otro al que odiaré, del que sentiré envidia. Porque son las cosas que han de pasar y a mí todo me parece siempre tan doloroso. Supongo que no es así como te gustaría vivir entre muerte y muerte una vida y un momento feliz. No queda más que eso para los amantes desangrados. Porque no olvides que yo llego con mis heridas, yo traigo conmigo el dolor.